Attack Music

Con quince años ya era demasiado vieja y a la vez, demasiado joven. No sé si se entiende lo que quiero decir.

No echo de menos ese tiempo confuso. Al menos, no del todo. Aunque algunas noches me sienta así. Con la misma rabia, el mismo dolor, el ansia, la prisa.

Es mejor que el vacío. Es mejor que levantarme de la cama y pensar que el fin del mundo llegó, y pasó, y alguien apagó las luces.

“Por qué será que cuando alguien empieza a hablar de civilización me parece escuchar disparos…”

 

THE PREACHER

Espero el día en que, tras el sonido de los cristales rotos, sea capaz de sentarme, en ese mundo paralelo de rejas y cenizas, en esa otredad oscura y sangrante, y esperar… simplemente a que termine el día.

Aunque sea un día eterno, oscuro, frío y palpitante. Aunque al final de ese viaje, cada vez más alucinado y frecuente, no pueda hablarle a nadie de lo que ví. De lo que oí. De lo que sentí.

De… dejarse llevar.

He soñado con asesinos de niños, he soñado con asesinos de gatos, he oído el viento tras los cristales de una casa que no era la mía. He sentido el fuego que no calienta de infiernos más cercanos de lo que puedo soportar…

Y me he puesto la careta. ¿Qué otra cosa podía hacer?