DESMONTANDO NEPENTHE (REFLEXIÓN)

Pienso. Paso mucho tiempo pensando. Podría decir incluso, que me paso el día pensando, igual que Alaska y los Pegamoides lo hacían bailando. Reflexiones acerca de lo divino y lo humano que, en realidad, no llegan a ninguna parte. O sí. O qué se yo.

Desde hace unos meses, gran parte de esas abstracciones se deben al mundo de la compra/venta/intercambio de libros. Libros en papel, libros legales, ebook, libros piratas, fotocopias… toda clase de libros. Un libro en concreto, no vamos a joder ahora con mentiras, que no es mi estilo. No vamos a ponernos falsamente humildes, porque, ninguna de las dos cosas me enseñaron bien de qué iba. Ni falsa, ni humilde, ni mentirosa. Y puede que en estas tres cosas se resuma el Desastre Nepenthe. O puede que no.

A eso le doy vueltas. Muchas vueltas. Más de las que debería.

No creo que el talento influya en el número de ventas de un libro. Para muestra, la pandilla de famosos e infames con cifras disparadas. Entiendo que las editoriales se los rifen. A pesar del escarnio y la mofa públicas, ahí están los números para darles la razón: dan dinero. Mucho dinero. Y una editorial es una empresa, no una ONG. Están ahí por los beneficios. Ya nadie invierte en jóvenes y extraños valores, o confía en una pluma novedosa y absolutamente desconocida. Tampoco vamos a joder con eso.

De hecho, no vamos a joder con nada. Hoy estoy aquí para exponer una reflexión que termina en una vía muerta, con toda la objetividad de la que sea capaz. Desentrañar el Desastre Nepenthe y, si alguien se anima, hasta abrir una charla coloquio sobre los eventos, los motivos, los resultados.

Y es que Nepenthe no se vende. Ni bien, ni mal, ni regular. No se vende. Los datos, para quien le interesen, son deprimentes. Un fracaso. Una hecatombe colosal.

Por cierto, lamento el tremendismo de algunos párrafos. No puedo evitar cierta tendencia al melodrama, como cualquiera que haya leído este blog ha podido comprobar.

A lo que íbamos. Nepenthe no se vende y yo me siento como una mierda. A día de hoy ha tenido más de dos mil impactos, pero solo 44 personas han descargado sus primeras páginas y 33 lo han comprado. Eso es como para meter las manos en una picadora industrial y no volver a escribir.

De la odisea que concluyó con la publicación de Nepenthe no voy a hablar, porque eso daría para bastantes post. Diré que fue larga, descorazonadora e indignante. Entonces tuve la suerte de dar con Literanda. Confiaron en mi. Confiaron en Nepenthe. Y no ha salido bien.

Hablaba antes del talento. No sé si lo tengo. Nadie en su sano juicio y con un mínimo de decencia debería ir por ahí presumiendo del talento propio, porque no es cuantificable por uno mismo. Puedo decir, como mucho, que no se me da mal juntar palabras y transmitir emociones con una cierta gracia. Ahí me quedo. No se me da mal, vamos. Si no, no me hubiera metido en esto de la escritura.

¿Es Nepenthe un buen libro? Tampoco lo sé. Quitando una crítica algo decepcionante por su tibieza, con sus más y sus menos, las críticas han sido muy positivas. Es de suponer entonces, que no es una mala novela.

Entonces, si no escribo mal, si Nepenthe es interesante, los que lo han leído han reaccionado positivamente a él, ¿qué es lo que está pasando?

Podría pensar que es normal, que el mercado editorial está jodido para todos. Pero, al carísimo precio de 1,65 euros, no creo que esa sea la razón. Es barato, ¿verdad? Quizá es demasiado barato. No hace mucho, en cierta red social se comentaba la cierta mendicidad con la que algunos autores regalan su obra. En mucha gente produce asombro, risa y desprecio que muchos libros en formato digital se distribuyan a bajo coste, algunos incluso gratis. Porque les da la sensación de que te humillas y suplicas. Y no lo quieren. No les gusta. Mucho pedir que los precios bajen y, cuando por algún motivo eso sucede… no gusta porque no son capaces de valorar lo que no tiene precio.

Ahí hay un problema, por lo visto.

El tema de la publicidad es un punto caliente. Es muy difícil hacerlo bien. Promocionarse en las redes sociales harta. Harta más a los que te siguen que al que se publicita. Los blogs especializados también son una opción, pero… Pero vamos a decirlo tal cual: la mayoría son un bluff.

He escrito a muchos de ellos. Muchísimos. Algunos ni han contestado. Blogs en apariencia normalitos, que reseñan y comentan. Blogs que, si lees en profundidad, reciben libros gratis de las editoriales. Evidentemente si una “mayor” compra su publicidad gratuitamente en ellos, a ti no te van ni a dirigir la palabra, pequeña mosca insignificante.

Los más indignantes son los que contestan, se comprometen y, una vez les envías tu libro, si te he visto no me acuerdo. Eso cabrea mucho. No sabéis cuanto.

Uno de ellos, incluso llegó a un acuerdo con Literanda. Nosotros dábamos libros para un concurso y él, a cambio, los leía, reseñaba y publicitaba. Cuando, meses después, por fin se puso en contacto conmigo, me hizo unas cuantas preguntas (creo que para hacer carrera propia como escritor, vaya cara más dura) e incluso me confundió con otra persona. No he vuelto a tener noticias suyas y, de la publicidad prometida, nada de nada.

Otros contestaron y fue genial tratar con ellos (gracias, mil gracias), pero fueron los menos.

Y yo, definitivamente no valgo para la publicidad, el autobombo y la promoción. Asumo mi parte de culpa. Soy una persona difícil, muy tímida y el trato con desconocidos me cuesta demasiado.

Sí, una de las causas del Desastre Nepenthe es la publicidad. Que es casi nula. Otra, como hemos visto ya, es su precio. Demasiado bajo.

¿No se vende Nepenthe por ser un ebook? No creo que su formato digital influya. Quizá en algunas (pocas) personas, pero no es el caso. Miles de ejemplares de ebook se venden al día. ¿Es la forma de pago, la dificultad de navegar por la web de Literanda? Tampoco. Pago sencillo, claridad, ¿qué más se puede pedir?

Quizá es, simplemente, que Nepenthe es un libro extraño, con una autora extraña. Mi hijo primogénito salió rarito… A veces me gusta pensar que, como una persona muy querida me dijo: “esto no lo has escrito para la mayoría, es para personas especiales”. Ójala fuera eso.

Quiero pensar que es eso.

Pero otras veces, la mayoría en realidad, lo único que se me pasa por la cabeza es que, si no he sido capaz ni de convencer a la gente que más me importa de que lo lean, lo comenten, de que lo compren (gracias, queridos, por vuestro nulo apoyo, luego hay quien se extraña de que la sección de agradecimientos esté vacía), por no hablar ya de que ayuden en algo en la promoción… ¿como voy a convencer a un desconocido de que vale la pena el tiempo que va a invertir en leerlo? ¿De que realmente lo va a disfrutar?.

Y hasta aquí mis reflexiones. Lamento el coñazo, pero me he quedado muy tranquilita soltando todo esto. Al menos, como terapia y desahogo me ha valido.

Afortunadamente, nada de esto me ha quitado las ganas de escribir (aunque quizá si me haya ganado el pase a la autoedición para próximas obras…)

Nos leemos, queridos lectores invisibles. En la hora-entre-horas, o en cualquier otro momento.

Agradecida a:

– Patricia Cazón Trapote, de  La Kriticona, por sus ánimos y la maravillosa foto que la he robado para ilustrar este post (espero que no te moleste) 

Literanda. Sin la que nada de esto habría sido posible. Gracias por confiar en mi y siento el desastre.

-A mi querido, queridísimo y extraño hijo Nepenthe. Eres hermoso, imperfecto y mio. Muy mio. Me saliste de las tripas y del corazón. No me disculpo por ti. Nunca lo haré.

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COFFEE & CIGARETTES

Literalmente, no necesito nada más para vivir.

Me sobra la comida sólida, el aire limpio. La gente, el ruido, las camas, el orden y el caos.

Una taza de café es parecida al paraíso. La mía es negra y brillante, grande, un cáliz sagrado que cada pocas horas abrazo con las dos manos intentando calentar algo más que los dedos. A veces solo es el estómago, y ya es algo agradable; el cosquilleo en la nuca, la tibieza en la garganta, el escalofrío de un cuerpo buscando el calor perdido. A veces el corazón, y esas veces es aún mejor. El aroma entra por la nariz y se abre camino al alma, familiar y acogedor. Es como volver a casa, a un hogar tranquilo y apacible donde te espera… la nada.

Hay dos cigarrillos concretos que son, no sé si símbolos o realidades maravillosas. Uno de ellos es el del primer café. Es un cigarrillo que al principio duele, pero luego se transforma en una nube oscura y ardiente, y cierro los ojos, y no pienso en nada. Solo en ese momento, en ese lugar. En mi silla roja cromada e incómoda, pero que me gusta porque es MIA.

El otro es el de las madrugadas de insomnio. Es venenoso y marea. Es necesario hasta la nausea. Dibuja fantasmas, promesas rotas, espectros que quiero olvidar y no puedo. Sabe amargo y tóxico. Es…

La pequeña hoguera donde arden mis sueños, en monodósis.

A veces, hasta me sobra la vida. Y eso asusta.

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