LA CRECIDA DEL AGUA

Una mujer con un teléfono, frente a una ventana.

Yo.

Estoy descalza sobre el suelo encharcado. Descalza, si, con los zapatos de la mano, un teléfono y un cigarro que mantengo con pulso extrañamente firme. Y digo extrañamente, porque toda esta situación es francamente absurda.

El agua cubre el suelo, cada vez un poco más. Parece que hace siglos que empezó la lluvia, tras ella el viento, tras él… la crecida del agua.

Había pequeñas cataratas en la escalera, como si todo el mundo se hubiera dejado los grifos abiertos. El agua salía mansamente bajo las puertas, lenta pero imparable, convirtiendo el portal en un Niágara en miniatura. Flotando… bayetas, trapos, fregonas, cubos… Encendí el primer cigarro en el segundo piso, cuando el agua ya me llegaba por los tobillos. El viento huracanado bramaba y hacía temblar los cristales. Ya no se oía la lluvia, ya no se oía… nada.

Sigo con el teléfono descolgado, fumando, descalza frente a la ventana. Dentro de unos segundos llegará otra ola, lo sé. Cada vez los intervalos son más cortos, cada vez el agua llega más alto. Cada vez estoy más tranquila.

Cuento los breves movimientos de la aguja del reloj y allí está. Viene como con un susurro, cristalina, tentadora, lamiendo suavemente los cristales. Por las rendijas que no deberían estar allí, empieza a colarse como un invitado inesperado y casi… bienvenido.

Esta vez ha llegado más alto.

Decidí quitarme los zapatos cuando andar con ellos parecía un suicidio. Pensé que era mejor clavarme cualquier cosa en los pies que caer escaleras abajo lastrada por ellos. Qué absurda lógica. Encendí el segundo cigarro en el tercer piso, intentando oír algo. Nada. Nada detrás de esas puertas que parecían exclusas de una presa en vez de algo mínimamente habitable. Nadie tras la mirilla, nadie hablando. Todo el mundo parecía presa de ese raro silencio casi sagrado, casi palpable, solo amortiguado por el susurro de la crecida del agua.

El agua me llega por las rodillas. Afuera, todo parece en calma. Aún quedan unos minutos.

No estoy sola, hay dos personas conmigo. Personas importantes, de esas con las que creces, a las que quieres porque sí, porque es lo correcto, porque lo raro es precisamente sentir un inevitable desapego, porque, después de todo, no tienes nada en común con ellas. Y aún así… pues si, que carajo, se las quiere. A ver que remedio queda.

También están en silencio. Lloran. Yo querría llorar, pero estoy tranquila. Creo que el espanto me ha superado. Siempre pensé que en una situación así me desesperaría, gritaría, intentaría lo que fuera. Pero no es así. A pesar de ello, una parte de mí está chillando descontrolada.

Sálvalas, ruge. Sálvalas, sálvalas…

Pero no puedo.

Esta vez, cuando llega, la miro de frente. Es limpia, pura, es… celestial.

Un palmo más y sobrepasará la ventana, y entonces…

¿Por qué cuando nos pasa algo realmente increíble es cuando menos lo pensamos? Ni siquiera se cuestiona la magnitud de algunas situaciones, no se piensa, solo se avanza. Y eso era lo único que podía hacer, seguir subiendo escalones, despacio, muy despacio. Encendí el tercer cigarro al llegar a la puerta de casa, en el cuarto piso. Había toallas en la puerta. Nada más. Esperé mientras fumaba, y seguía sin oír nada. Abrí la puerta y allí estaban, en el mismo sitio que ahora, llorando como ahora, sin hablar, como ahora. Pregunté ¿qué ocurre? Y luego me eché a reír por lo absurdo de la pregunta.

Me llega por la cintura y me mece, y me tengo que apoyar contra la pared para no caer al suelo. Sigo con el teléfono de la mano.

Enciendo el último cigarro. Cuando llega me doy cuenta de que estoy llorando, sin dejar de mirarla, con ganas de abrir la ventana, dejarla entrar… y acabar de una vez por todas.

Ella llega y marco el primer número. Ya sé que solo quiero llamar a la única persona que no puede oír mi voz.

Mientras el agua crece y crece, solo tengo fuerzas para pensar en qué diría si me diera tiempo a marcar el último número.

Y como no lo sé, tampoco me importa la crecida del agua.

Water

Anuncios

Un pensamiento en “LA CRECIDA DEL AGUA

  1. JODER!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Tengo TODA LA PIEL DE GALLINA. Estoy impactada, emocionada, pensativa, removida, alucinada. C-Ó-M-O–E-S-C-R-I-B-E-S, cómo transmites, cómo, cómo. Historión. Guau. Es perfecta, de principio a fin, de los mejores relatos breves que he leído en años

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s