COFFEE & SEX

Me gustan el amanecer y la soledad. El café y el tacto de las sábanas frías, cuanto más, mejor. Los dedos de los pies tomando conciencia de si mismos, el delicado crujido de las vértebras que vuelven a encajar unas en otras mientras me estiro como un lagarto buscando un sol que aún no ha salido del todo. Adiós Morfeo, buen día, Aurora.

Con el pelo revuelto, desparramado en la almohada, la camisa blanca y arrugada, alojando una melancolía descomunal en cada uno de sus pliegues, pero no dejando que se escape. No, en ese momento no. No existe la tristeza, no existe más que la caricia nueva por no recordada, de otra mañana por estrenar.

El café en ese momento es un acto erótico y fetichista. Otro ritual más, pero menos practicado, porque ya se sabe, ni todas las mañanas son iguales ni todos los cafés saben a lo mismo…

Ritos de paso, juegos iniciáticos… Mi primer café en la cama, mi primer amante.

Con los ojos cerrados veo siluetas que no conozco ni quiero conocer. Qué importa quién sea el invitado. Qué importa si el sabor es dulce como siempre. Qué importa…

Si al abrir los ojos no veo más que las piernas desnudas en el espejo, nada más que otro día por desperdiciar.

Y no respiro otra cosa más que la sensación de que me falta la mitad del corazón, porque me la arranqué un día de cuajo y me la comí para que no doliera más…

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