GERMEN

Hoy, lector invisible, no espero a la habitual hora-entre-horas para dedicar un rato a este vertedero de palabras y cuentos. Sucede que, cuando tengo algo que contar, a veces, muchas veces, la mayoría de las veces, voy y lo cuento. Así que no tengo necesidad de plasmarlo en papel o pantalla, ya que soy de filtro escaso.

Pero en esta ocasión es diferente. Porque tiene que ver con la creación, así, a lo grande. Y creo que puede ser interesante compartirlo, narrar esta experiencia, el cómo nacen las historias.

El proceso por el cual nace un libro, no es igual siempre. Y yo, algo novata en todo esto, acabo de descubrirlo. Nepenthe fue el resultado de muchos años de ideas obsesivas pero reposadas, de notas sueltas, de pasajes soñados. Fue concebido entre servilletas de bares, escritas apresuradamente, con manchas de cerveza, emborronadas y difíciles de descifrar. Se escribió pausadamente, escogiendo cada adorno, quitando lo superfluo, puliendo todas esas imágenes que vivían en mi cabeza desde hacía tanto, tanto tiempo. Y cuando vio la luz, por fin, era hermoso e imperfecto. Era mío. Mi obra, dolorosa, maravillosa. No del todo redonda, con aristas. Nepenthe dolía, paradójicamente.

Tras acabar con el proceso editorial, mucho más duro que la escritura y algo para lo que, tengo que reconocerlo, no estaba preparada, vino un periodo de descanso. La historia que preparaba era más reposada, más tranquila. También era una algo viejo, otra de las muchas cosas que traigo en la pesada mochila con la que cargo. Tomas alguna nota, preparas un pequeño esquema. Tiene principio, tiene final. Vamos a desarrollarla. Nada más, y, por supuesto, nada menos.

Pero ayer ocurrió algo novedoso.

En una visita, en una conversación intrascendente, me dijeron “¿ayer no te pitaron los oídos? Hablamos de tí, y de una historia. De algo diferente, de qué pasaría sí, en lugar de… ocurriera lo contrario.”.

Me quedé perpleja. No me importa decir, aunque, probablemente si tu, lector invisible, has sido lo suficientemente constante como para leerme ya lo sabrás, que soy mi peor enemiga. Reacciono mejor a una pedrada que a que alguien me diga que pensó en mi, como creadora, como escritora. Eso me dejó un poco fuera de juego.

Y luego, esa frase, que contesté con un simple: “podría estar bien, ser interesante”, explotó. Como una supernova.

Algo nuevo. Sorprendente. El germen de una historia, que apareció sin planificar en la palma de mi mano, que echó raices y súbitamente, empezó a crecer. Sus primeras hojas, el primer amago de la vida.

Hoy, lector invisible, tenía que contarte que, a veces, las historias empiezan así. Con una explosión. Y luego, no sabes como, se cuentan a sí mismas. Un poco sin pies ni cabeza, hay que ordenarlo todo, colocar cada cosa en su sitio y creo que, simplemente… disfrutar del viaje. Dejarse llevar.

Descubrir dónde nos puede llevar esto. Esto tan emocionante.

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