SOMA (III)

Yo lo intento, apreciado lector invisible.

No me apetecía escribir un blog así, en serio que no. Crear un museo de los horrores no era mi intención primigenia, pero, a veces, las cosas salen así. No lo planeas, ni lo piensas, solamente surgen. Y así construyes esto. Esto.

Esto, joder. Esto no estaba en mis planes.

Como tantas otras cosas.

Sé hacer reir, lo juro, aunque  no lo parezca. No en plan Club de la Comedia, no poseo ese gracejo ni desparpajo. Pero sé hacer reir. Y que luego pienses “pero qué barbaridad me está haciendo tanta gracia”. Y te escandalices. Y te vuelvas a reir. O también de esa forma que solo las personas serias podemos. Serias y altamente inestables, como la nitroglicerina, que es una cosa de las más serias que existen. De su inestabilidad ya hablaremos otro día.

Y en su lugar, de momento me ha salido esto. Que no es malo. Ni bueno. Pero no es mi intención.

Puedo achacarlo a este extaño momento de mi vida, en el que pretender escribir cualquier otra cosa es como querer que el vómito huela a Chanel 5, y eso si que no. Que no puede ser.

Así que, estimado lector invisible (e inconstante, si lo sabré yo) dejaré por aquí una nueva lápida en este cementerio de desvaríos. Solo puedo decir… disfruta de la experiencia mientras dure. Mañana puede que cuente chistes. Muy malos, por cierto, todos los chistes que me hacen gracia son de tomates, guisantes y cosas así (ay, Panero, si me leyeras, qué pena te iba a dar).

Mejor seguimos con el Soma, entonces…

SOMA (III)

Todo es cálido. Tu soledad no existe. Todo está bien.

¿Qué hay de malo en el método escogido para exorcizar los demonios del alma? ¿Qué hay de malo, si nunca habrá otra opción?

Adicción. Hambre químico. Silencio sintético.

Pero aquí y ahora todo está bien. En este desierto de emociones, en el inducido erial de las quimeras del corazón. Si no es posible arrancárselo del pecho, mejor anestesiarlo. Tu cabeza es un pequeño quirófano portátil, una sala aséptica de vivisecciones ajenas.

Autoconsunción contra la inanición. El veneno de la propia bilis.

Pero aquí no. Mejor no pensar en ello. Hoy no. Todo es cálido. La realidad no existe.

Tampoco el futuro.

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