A LONG TALE TAIL (IV)

THROUGH THE LOOKING-GLASS

La infancia termina cuando sabes que vas a morir.

María está de vacaciones. Se ha ido a ver el mar, lejos de todo lo que le hace daño, buscando la benevolencia de la sopa con tropezones que es el Mediterráneo. Mi sonrisa sin gato busca playas desconocidas donde lamerse las heridas.

En esta época del año, la habitación blanca se queda desierta. Pacientes e impacientes viajamos, unos a playas y montañas, otros a lugares imaginarios aún más lejanos, para darnos un respiro. Para poder respirar hondo. Para escapar de esta rutina semanal que termina por convertirse en un San Quintín de terapia y medicamentos. Con un pasaporte en forma de recetas y el teléfono del por si acaso.

Ha sonado el teléfono y era ella. Quería hablar, quería contarme que el mar hace ruido, que allí no existe el silencio, que allí, María no es María, solo es una niña extranjera, una de tantas. Quería contarme que se siente libre, eufórica, viva…

La primera vez que llegué al mar tuve miedo. Era de noche y todo era de una negrura insoportable, que rugía, que se acercaba. Un bicho asesino y voraz, que comía niñas pequeñas, eso me pareció el Atlántico esa primera noche. La primera noche que sentí la euforia me alegré tanto… El dolor había terminado, el velo se había rasgado. Todo estaba bien.

Pero tanto el Atlántico como la euforia son distintos desde el otro lado del espejo. El océano no se zampó a nadie, pero la euforia si. El uno resultó ser un refugio donde esconderse, y la otra… al acabar se convirtió en un perro que muerde el culo al loco de un tarot de segunda mano. Y ese loco era yo. Al borde del precipicio. Y supe que no había fondo, que nunca dejaría de caer.

La primera vez que la euforia se va es la peor, por sorprendente, por imprevisible, porque al subir tan alto y tan deprisa, el salto sin paracaídas es casi mortal.

Pero eso tampoco se lo he contado a María. Tiene que cruzar ella sola al otro lado del espejo, nadie puede ayudarla en su viaje. Nada podrá amortiguar su caída.

Humpty Dumpty sat on a wall.
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king’s horses and all the king’s men
Couldn’t put Humpty together again.

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