Strawberry fields forever (IV)

4 – NORWEGIAN WOOD

I once had a girl, or should I say she once had me…

Girl se encerraba en un cuarto desordenado, con olor a whisky, sexo y neurosis, y escuchaba las mismas canciones en el mismo casete viejo con el que había crecido. Es lo único que guardo de ese sito, decía, del sitio del que salí. Porque la chica que era una canción también era una real nowhere woman, algo que no había nacido en ningún lugar en concreto, ni había crecido como lo hicimos los demás. Girl surgió como Venus, de la espuma de una botella de champán… o eso quería hacerle creer al mundo.

No importaba mucho de donde viniera, porque esa no era Girl. Una vez, en un lugar, hubo una niña rubia, de ojos salvajes, que se marchó. Y en el proceso de convertirse en lo que Girl llegó a ser, digamos que murió  por el camino. A veces hay que suicidarse y renacer, transformarse en algo nuevo aunque no necesariamente mejor. Matar al pasado para poder vivir en el futuro.

Pero el presente de Girl no era tan brillante y fabuloso como muchos creían. She showed me her room… El lugar donde se refugiaba de la luz del día, un cuarto feo y pequeño donde, si, no había ni una silla. Pero tampoco necesitaba más. Un lugar cualquiera donde dormir, vestirse, dejar que la desvistieran y, sobre todo, pasar horas con ese casete lleno de cinta aislante y pegatinas de revistas de hace quince años.

Porque las canciones tapan la tristeza igual que el ruido tapa el silencio. Y Girl tenía más tristeza que silencio sobre el que querer echar un buen puñado de cal viva. Y se encerraba, hecha un ovillo sobre el colchón solitario, y de nuevo Satellite of Love, Honky Tonk Woman, Wild Horses… El repertorio no era muy extenso. Pero ella tampoco lo necesitaba. Su tristeza era pequeña, algo fácil de esconder.

En ese cuarto en penumbra pasamos horas oyendo en traqueteo de la cinta en el casete. Mientras la tristeza de Girl se tapaba, la mía quedaba al descubierto. Era como compartir manta en una cama, siempre hay uno que se queda con el trozo más grande y deja al otro con el culo al aire. Y la chica que era una canción no podía ser ese otro. Porque ella era brillante, vertiginosa, locuaz y magnética. Y sobre todo, era egoísta.

She asked me to stay… Siempre me quedé. Hasta que ella se dormía arropada por unas canciones… que nunca eran de los Beatles. Viendo como escondía un día más su tristeza y su vergüenza, y pensando que quizá, en el fondo no era más que una víctima y no un verdugo.

Ya sabéis… una esfinge sin secreto.

Pero entonces ella despertaba, y guiñaba sus ojos congelados y decía: Si alguna vez fuera capaz de querer a alguien, te querría a ti.

Y esas palabras eran como arrancar de un tirón un esparadrapo pegado a una herida en carne viva. Inesperadas, brutales y dolorosas.

Si alguna vez fuera capaz de querer a alguien, nunca hubiera sido a Girl. Pero de todo lo que nunca he tenido realmente, ella es lo que más echo de menos.

And when I awoke, I was alone, this bird had flown…

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