First Snow

Buena hora-entre-horas, lector invisible.

La primera nevada ya está aquí. Más que nevada es escarcha, el cielo ha confitado a los coches como a frutas prenavideñas y eso, a finales de noviembre… es desconcertante y reconfortante a partes iguales.

Y es un poco de confort lo que necesito precisamente hoy, después del desasosiego que me ha producido por un artículo de Fernando García en su blog (Sin Tinta, altamente recomendable para cualquier ente de mente inquieta, sea amante de los libros o no), y después también de asimilar la odisea en la que me he metido intentando publicar una novela.

Porque yo escribo, estimado lector invisible. Escribo o… vomito letras, que luego se ordenan como les da la gana y a veces, a veces tengo que repasar una y otra vez lo que pone en la pantalla del ordenador sin poder creerme del todo que eso haya salido de mi. Pero vaya si ha sido así.

De todas formas, eso es solo en los días malos.

Pero no estába con eso. Intentaba, querido lector invisible, hablar de ese qué se yo intranquilizador que me recorre la espalda a cada zambullida que doy al mundo editorial y la mercadería de la cultura. Creo que se llaman ganas de vomitar, o algo así.

Me han pasado muchas cosas y me he topado con gente (y amables máquinas expendedoras de mensajes prefabricados) de todo tipo, sintiéndome una pequeña Ulises zarandeada por los Dioses de un lado para otro, y hoy, esta tarde, en esta primera nevada… creo que estoy un paso más cerca de reconocer que no, que no hay espacio para mi y mis Calibri lanzadas al aire entre todo el porno-soft para madres que tanto luce ahora, las portadas melancólicas antes del Sálvame y las criaturas de la noche que solo asustan a sus propios autores, devorados por esta cultura del fast-food en el amplio sentido de la palabra… no, aquí mi Nepenthe y yo no cabemos.

No queremos caber.

Así que cada vez estoy más satisfecha de haber puesto mis esperanzas en la Ítaca de lo alternativo y minoritario, aunque el viaje me esté costando los nervios y la paciencia. Una vez más me he alineado con los otros, con lo marginal, con lo que está ahí escondido pero respirando, siempre respirando.

¿Qué otra cosa podías esperar, querido lector constante, de alguien al que le gusta escribir en la hora-entre-horas, alguien al que le lleva a casa la primera nevada de un invierno que aún no es?

Pequeñas y oscuras eternidades en la luna, espera eso y poco más. Y nada menos.

Para el que interese el artículo en cuestión: http://blogs.elpais.com/sin-tinta/2012/11/presentaciones-de-libros-vino-y-antes-croquetitas.html

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3 pensamientos en “First Snow

  1. Las editoriales y el público se lo pierden, y sé de lo que habló.
    Por estas tierras ya te seguimos varios esperando nuestra ración de soma en forma de palabras.

  2. Llego desde aquella primera nevada de finales de noviembre del 2012
    hasta esta lluvia incesante de finales de abril del 2014.
    Totalmente desconcertada.
    Porque ún no tengo nada claro hacia donde voy.
    Y algo reconfortada
    sabiendo que algunas personas llegan a alguna parte.

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